Camboya: de templo en templo por Angkor... hoy el Templo Bayon

Angkor es una de las obras maestras del arte mundial, el mayor parque arqueológico del mundo, y Camboya es, ante todo, el país que rodea a Angkor y sus templos.

La eclosión de Angkor fue a comienzos del siglo IX, con Jayavarman II, el primero de los reyes constructores que iban a sucederse en el trono del reino Kmer durante cuatrocientos años.

Angkor tuvo su canto de cisne con Jayavarman VII, el "rey leproso", budista y piadoso, a quien se debe el Templo Bayon, que visitaremos en este post.  Tras su muerte, la desgracia se abatió sobre el país.  Los siameses se apoderaron de Angkor  en 1431, los reyes abandonaron la capital y se replegaron hacia el sudeste.



Despoblados y ocultos durante siglos por un bosque de jungla que les protegía al tiempo que los destruía lentamente, estos templos han aparecido al entrar el siglo XX, cuando la colonización francesa restableció la paz salvó de la desaparición un pequeño reino que las ambiciones ilimitadas de sus poderosos vecinos, el Annam (Vietnam) y el Siam (Tailandia), estaban a punto de aniquilar.  



Fue un cazador de mariposas y naturalista francés, Henri Mouhot, quien descubrió Angkor por puro azar.  En 1860, en una expedición apoyada por la Royal Geographical Society para catalogar nuevas especies cuando tropezó con la antigua capital kmer devorada prácticamente por la jungla. 

 

















El templo kmer no es tanto un lugar de culto cuando un testimonio de respeto, de adoración... no hay sala de reunión como en una iglesia.  La masa que se eleva, tallada hasta sus mínimos detalles tienen un valor intrínseco.  Artistas anónimos, arquitectos y escultores,  han sido olvidados al igual que las docenas de miles de hombres y esclavos que transportaron el gresite o la piedra desde las canteras.



En el centro de la ciudad amurallada de Angkor Thom, "la capital", se alza el templo de Bayon.  En el Bayon, cincuenta y cuatro torres de estilo barroco kmer sostienen cada una cuatro gigantescas figuras de sonrisa inmutable y enigmática, de las que se desconoce aún su significado. 

La figuras, orientadas a los cuatro puntos cardinales, representan a al bodhisattva Avalokitesvara, con quién se sentía muy identificado Jayavarman VII.  Este monarca, que reinó entre 1181 y 1220, mandó construir la ciudadela de Angkor Thom, que llegó a albergar un millón de personas.  

Podemos imaginar toda esta población en los grandes espacios que recorremos en nuestro tuk-tuk a través de la antigua capital, aunque todas las viviendas hayan desaparecido.





Es imposible no dejarse llevar por el misterio y la calidez que desprenden las más de doscientas sonrisas del Bayon. Dibujadas en labios de piedra tres siglos antes de que Leonardo dibujase la Gioconda, las sonrisas iluminan enormes rostros serenos, de ojos y cejas oblicuos, que observan desde los cuatro puntos cardinales.





En bajorrelieves interminables presentan interesantes escenas que combinan aspectos mitológicos, históricos y mundanos.  En varios niveles el mundo de los dioses supera al de los reyes y, debajo, el de los servidores que cocinan y el de los ociosos que observan un combate de gallos.



Los elefantes que, en su día, ayudaron a transportar desde el monte Kulen los grandes bloques de piedra empleados, hoy sirven para dar paseos alrededor del templo a los visitantes 


Una última vista de conjunto, antes de volver a coger nuestro tuk-tuk para seguir de templo en templo y poderlo contar en este blog. 


Los 400 km2 del parque arqueológico de Angkor, suponen un grandioso legado del reino temer que dominó la zona entre los siglos IX y XV. y fueron inscritos como Patrimonio de la Humanidad en 1992.

1 comentario:

  1. Como siempre muy interesante . Gracias por compartir estas maravillosas experiencias

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