25 años después... mi segundo Equinoccio en Teotihuacán (México)

Cuando comencé este blog, hace ya algún tiempo, escribí lo siguiente :  

"otro año más llega la fecha en que el día y la noche son iguales, duran exactamente lo mismo; es el conocido equinoccio de primavera... Cada 21 de marzo a las 12 en punto del mediodía, el sol se encuentra en su vertical más perfecta y se da el fenómeno que permite que -según la tradición prehispánica- los hombres puedan captar el máximo de su energía en forma de radiación vital benefactora para todo el año".



En 1.991, pude acercarme desde Ciudad de México hasta Teotihuacán con la intención de tomar el equinoccio, siguiendo una histórica costumbre local. Algo de mágico debe tener tener Teotihuacán (el lugar donde renacen los dioses o donde los hombres se convierten en dioses) cuando el  destino ha querido que 25 años después, en 2016, haya podido repetir este momento a la misma hora y en el mismo lugar. Esta vez no me encontraba solo, mi inseparable Cristina, junto con Carlos y Ana, y mi nieto de un año, estuvimos compartiendo la jornada.

Teotihuacán, como saben,  fue inscrita en la lista del Patrimonio del la Humanidad por la UNESCO en 1987.

Recomiendo entrar por la puerta 2 (ya que hay menos colas) y contratar a uno de los guías locales que se ofrecen nada más pasar las taquillas de entrada.



La metrópolis de Teotihuacan tenía una planificación urbanística escrupulosa y muy avanzada, con un eje central de dos kilómetros de longitud (la Calzada de los Muertos) y una Ciudadela importante, rodeada de 15 pirámides monumentales.


En Teotihuacán todo es un misterio, no se sabe casi nada del pueblo que lo edificó, ni de las razones que llevaron a abandonarlo bruscamente. Se construyó entre los s. I a.C y el VII d.C., y llama mucho la atención la inspiración geométrica de su urbanismo .  

En el s. I a.C. y los s. I y II d.C. se construyeron los primeros edificios del recinto ceremonial: la Pirámide del Sol y, poco después, la de la Luna.  la construcción de estas dos imponentes pirámides marcó el inicio de un gran plan urbanístico, determinado principalmente por consideraciones de tipo astrológico además de por la voluntad de integrara en la ciudad el paisaje de los alrededores. En los s. II y III se produjo un intenso desarrollo urbano, alrededor de un eje central -denominado por los aztecas Miccaótli o Calzada de los Muertos-, en torno al cual levantaron numerosos edificios y plataformas.

Su época de mayor apogeo corresponde al Clásico Temprano de Mesoamérica (ss. II/III-VI).  Durante esta época, Teotihuacán fue una importante metrópolis gracias al comercio de obsidiana y llegó a tener 150.000 habitantes, la mayor y mas floreciente ciudad mesoamericana.  La ciudad estaba gobernada por soberanos considerados de origen divino que desempeñaban las funciones de maestros, asistidos por una cata sacerdotal formada por nobles y altos dignatarios.



La expansión de la ciudad se debió a la gran atracción ejercida por su recinto sagrado y su prosperidad se basaba principalmente en la explotación de la obsidiana, cuya ruta controlaban y ejercían un total control sobre el comercio de este mineral, clave en la economía mesoamericana.


Hacia el año 650 comenzó su paulatina decadencia. La población se fue reduciendo por factores de orden social y climático, no se sabe si por una invasión de tribus chichimecas, revueltas internas, una catástrofe natural o provocada .... En el siglo VIII alcanza ya el ocaso, aunque el valle no fue abandonado nunca. Aún no se conoce bien la causa de la decadencia y su total destrucción. Hacia el año 1000 d.C, la ciudad fue abandonada.


La gigantesca pirámide del Sol, de unos 70 m de altura, es el centro de la ciudad santa de Teotihuacán, tiene una base tan amplia como la de Keops en Egipto y estaba antaño coronada por un templo donde se pensaba residía el dios y en el que sólo los sacerdotes podían entrar.  Tiene 360 escalones que son bastante irregulares, altos y difíciles de subir y de bajar, hágalo con paciencia y precaución.  Es ésta la tercera pirámide más grande del mundo.


Al lado de la Pirámide de la Luna, más pequeña que la del Sol, se levantaban elegantes casas y los palacios que flanqueaban la Avenida de  la Muertos, el palacio de Quetzalpapalotl.  La pirámide mimetiza el contorno de la montaña Cerro Gordo, que está situada al norte de este lugar.  Su plataforma superior fue utilizada como altar de sacrificio para ceremonias en honor de los dioses de Teotihuacan: del Agua, de la Fertilidad, de la Tierra y de la Creación.  Las construcciones inferiores incluyen un altar central y cuatro cuerpos rectangulares en diagonal que forman la que se conoce como "Cruz de Teotihuacan"


En su época de mayor apogeo, Teotihuacán disponía de más de 2000 complejos de viviendas. Sus edificios destacan por una combinación tablero-talud, una innovación arquitectónica acuñada en la ciudad.  Disponían de un perfeccionado sistema de saneamiento e importantes reservas de agua. 



Todas las edificaciones estaban cubiertas de estuco y pintadas con motivos de índole religiosa.  Debía ser muy impresionante ver la ciudad totalmente decorada de llamativos colores.  Añado esta fotografía que recrea una de estas viviendas en el Museo de Antropología de Ciudad de México.


Un buen ejemplo in situ es el Patio de los Jaguares, divinidades relacionadas con la lluvia y la fertilidad.
  

El templo de Quetzalcóatl o de la Serpiente Emplumada, la creadora del hombre, está adornado con cabezas de serpiente rodeadas de un collarín de plumas que representan al dios Quetzalcóatl , que alternan con máscaras estilizadas que representan, probablemente, al dios Tlaloc, el dios de la lluvia. 

En esta pirámide, se han encontrado restos enterrados de víctimas humanas sacrificada, cuyas tumbas datan entre los años 150 y 200.


Su prestigio legendario como centro de culto se mantuvo hasta el punto de que los aztecas situaron en este lugar la cosmogonía de la Leyenda de los Soles.  Según las antiguas creencias de los pueblos naguas, el mundo se crea y acaba con una catástrofe.  A esos periodos de existencia les llamaban "soles".  Cuando el diluvio acabó el cuarto sol y los dioses, reunidos en Teotihuacán, decidieron volver a crear el mundo.  


Fue el padre Sahagún, cronista del séquito de Hernán Cortés,  quien recogió de boca de los mexicas esta leyenda que habla de la inmolación de los dioses antiguos para dar paso a la creación del Sol y la Luna, los dioses a quienes están dedicadas las dos magníficas pirámides.

De mi anterior artículo, conservo esta descripción, que coincide en lineas generales con las explicaciones de nuestro guía local. Dice así:
"Antes de que hubiese día, se reunieron los dioses en Teotihuacán y dijeron, ¿Quién alumbrará el mundo? Un dios rico (Tecuzitecatl), dijo yo tomo el cargo de alumbrar el mundo. ¿Quién será el otro?, y como nadie respondía, se lo ordenaron a otro dios que era pobre y buboso (Nanahuatzin). Después del nombramiento, los dos comenzaron a hacer penitencia y a elevar oraciones. El dios rico ofreció plumas valiosas de un ave que llamaban quetzal, pelotas de oro, piedras preciosas, coral e incienso de copal. El buboso (que se llamaba Nanauatzin), ofrecía cañas verdes, bolas de heno, espinas de maguey cubiertas con su sangre, y en lugar de copal, ofrecía las postillas de sus bubas. A la media noche se terminó la penitencia y comenzaron los oficios. Los dioses regalaron al dios rico un hermoso plumaje y una chaqueta de lienzo y al dios pobre, una estola de papel. Después encendieron fuego y ordenaron al dios rico que se metiera dentro. Pero tuvo miedo y se echó para atrás. Lo intentó de nuevo y volvió para atrás, así hasta cuatro veces. Entonces le tocó el turno a Nanauatzin que cerró los ojos y se metió en el fuego y ardió. Cuando el rico lo vio, le imitó. A continuación entró un águila, que también se quemó (por eso el águila tiene las plumas hoscas, color moreno muy oscuro o negrestinas, color negruzco); después entró un tigre que se chamuscó y quedó manchado de blanco y negro. Los dioses se sentaron entonces a esperar de qué parte saldría Nanauatzin; miraron hacia Oriente y vieron salir el Sol muy colorado; no le podían mirar y echaba rayos por todas partes. Volvieron a mirar hacia Oriente y vieron salir la Luna. Al principio los dos dioses resplandecían por igual, pero uno de los presentes arrojó un conejo a la cara del dios rico y de esa manera le disminuyó el resplandor. Todos se quedaron quietos sobre la tierra; después decidieron morir para dar de esa manera la vida al Sol y la Luna. Fue el Aire quien se encargó de matarlos y a continuación el Viento empezó a soplar y a mover, primero al Sol y más tarde a la Luna. Por eso sale el Sol durante el día y la Luna más tarde, por la noche."